Michael DeBakey

El Viernes 11 de Julio de 2008, con 99 años, murió Michael Ellis DeBakey (Michael Dabaghi), uno de los mejores cirujanos del siglo XX.

Curiosamente, pocos días antes, mientras volvíamos al Euroforum Felipe II desde El Escorial, John Alverdy (@jcalverdy) me contó un par de anécdotas sobre el Dr. DeBakey.

Michael DeBakey fue un cirujano innovador que, ya con 23 años y mientras estaba en la Universidad de Tulane, hizo sus primeras contribuciones a la cirugía con una bomba, que luego sería importante para las máquinas de circulación extracorpórea. Además, diseño todo tipo de pinzas e instrumentos, como las famosas pinzas vasculares de disección más conocidas como “unas DeBakey”.

Y una de las anécdotas que contaba John estaba relacionada con esa capacidad de invención y su relación con las instrumentistas. Una de ellas estaba muy nerviosa el primer día que tenía que lavarse para instrumentar al “gran cirujano” y no estaba segura de conocer el nombre de todas las pinzas e instrumentos que podía pedirle. Otro cirujano le dijo que no se preocupara, porque cuando el Dr. DeBakey extendía la mano lo único que pedía era “un DeBakey”, ya que todo el instrumental que se ponía sobre la mesa había sido diseñado por él y llevaba su nombre.

Más curiosa fue su estrecha y tormentosa relación con su amigo/enemigo, el cirujano Denton Cooley. Durante muchos años trabajaron codo con codo en Houston hasta que, según cuenta la revista Life, en 1969 se pelearon porque Cooley había implantado el primer corazón artificial en un humano sin el consentimiento de DeBakey.

La otra anécdota es que un día que llegaba con retraso en su Ferrari rojo, DeBakey fue multado por un policia por aparcarlo indebidamente. El afamado cirujano, que llegaba tarde al quirófano, le dijo al policia “¿Usted no sabe quién soy yo? Tengo un paciente esperando en el quirófano”. El policía seguía escribiendo la multa sin hacer caso. Y DeBakey seguía protestando y cuestionando al agente hasta que, harto, el policía le dijo “No sé quien es usted, pero me daría igual si fuera usted el Dr. Cooley, porque le pondría igualmente la multa”. Esa enemistad duró 4 décadas, hasta 2007, momento en el cual Michael DeBakey invitó a Denton Cooley a la gala de la entrega de la Medalla de Oro del Congreso.

El Dr. DeBakey siguió practicando la cirugía casi hasta su muerte y se cuenta que debió operar a uno 60.000 pacientes en toda su vida. Pero en Diciembre de 2005, a los 97 años, él mismo se diagnosticó una disección aórtica. “No sabía si llamar a mi médico de familia o al 911″, dijo.

Al principió se opuso a ser intervenido, pero luego quedó inconsciente y el equipo quirúrgico decidió operarle, con la aprobación del Hospital, convirtiéndose en el paciente de mayor edad que ha sido nunca intervenido mediante una técnica quirúrgica diseñada por el mismo: La operación de DeBakey.

Evidentemente, el postoperatorio no fue fácil, le mantuvo ingresado durante meses y costó más de un millón de dolares en cuidados médicos. Pero tras ser dado de alta, y pese a su inicial oposición, dio las gracias al equipo que le intervino por haberlo hecho.

A las 9:38 pm, hora de Texas, del día 11 de Julio de 2008, (4:38 am del día 12, hora española) y por causas naturales, el Dr. Michael DeBakey murió en el Hospital Metodista de Houston.

Ya no quiero ser jefe

Otra de mis tribunas publicadas en Diario Médico (Mayo 2007, 8 años): Ya no quiero ser jefe

Si este proyecto no lo lidero yo, no saldrá adelante”.

Son palabras pronunciadas por un jefe de servicio en una reunión en la que se le proponía colaborar en un proyecto multidisciplinar. Podemos estar seguros de que hará todo lo posible para que su premonición se cumpla ¿Un ejemplo de liderazgo? ¿De gestión moderna y de calidad? ¿De apuesta de futuro para la institución? En realidad, a ese tipo pasivo-agresivo de jefatura nos enfrentamos frecuentemente muchos profesionales y el resultado es un desánimo permanente que conduce a la parálisis en la búsqueda de la excelencia. Es la cultura soy el dueño del cortijo. Pero, ¿debe ser esto así? ¿hay que aceptarlo? ¿existen maneras de superarlo?-

Toda institución sanitaria tiene jefes clínicos que coordinan la actividad de sus compañeros y sirven de interfaz con los gestores, con el fin de obtener los mejores resultados para los pacientes dentro de esa lucha continua por la excelencia. Hasta la ley lo reconoce, pero no identifica ni las características ni las habilidades necesarias para el cargo. Funcionalmente, suelen dividirse de manera espontánea en tres grandes grupos: buenos, regulares y nefastos, porque ser mal jefe de servicio es nefasto para todos los que le rodean, para los pacientes, para la institución y para el propio sistema. Es en este grupo en el que suelen militar los que más repiten al gerente o político de turno: “Yo quiero ser jefe”. Desafortunadamente, querer ser jefe no es suficiente, ni siquiera necesario, para participar activamente en el éxito institucional. Vivimos en un mundo en el que el conocimiento es tan basto y pluridisciplinar que ya no funciona el flujo vertical y unidireccional de ideas. Ni de mando. Las grandes corporaciones de éxito no funcionan por mandatos unipersonales. Los jefes no son las únicas figuras que saben y saben hacer, o al menos no existe razón para que sean los que más saben. En el siglo XXI el éxito requiere capacidades personales, entrenamiento, formación y un espíritu de colaboración insaciable para compensar las carencias individuales.

Pero nadie nos entrena específicamente para ello y es la propia voluntad, la ambición y el cúmulo accidental de circunstancias lo que nos conduce a escribir (o incluso copiar) una memoria y a presentarnos ante un tribunal ad hoc para alcanzar la posición. Curiosamente, nuestro sistema jefes-eligen-jefe debe ser espectacularmente exitoso en la selección de magníficos candidatos, a la vista del escaso recambio en los puestos (el mando lo tiene todo previsto; no se equivoca nunca).

Cambios vertiginosos
Sin embargo, la práctica de la profesión va cambiando a una velocidad sin precedentes en un medio de grandes pero limitados recursos. Tal dinamismo deja en evidencia a muchos jefes de servicio. Si eso sólo les afectara a ellos personalmente sería tolerable, pero no es el caso. Así que, ¿cómo conseguir jefes de servicio para la excelencia? Resulta claro que el proceso debe cumplir cuatro fases: identificación de candidatos, selección de los más capaces, formación continuada y evaluación de resultados.

Más difícil es reconocer qué características debe poseer un buen jefe de servicio actual para considerarlo capaz. Durante las pasadas décadas se hizo un gran énfasis en las capacidades de gestión, con escaso éxito en nuestro medio, por cierto. Ahora el futuro está en el desarrollo continuo, la investigación y la innovación. Y ya se sabe, a perro viejo no se le enseñan trucos nuevos. En una profesión en constante cambio sólo tiene éxito el que se posiciona dentro de una gran red de conocimiento que le permite sacar el máximo provecho en cada situación, por lo que, siguiendo a Souba y Grigsby, creo que las diez características clave para un jefe de servicio son: experiencia administrativa; orientación al desarrollo de la institución; competencia emocional; iniciativa y resistencia; ajuste a los valores institucionales; capacidad de comunicación; habilidad para formar y liderar un equipo; orientación al resultado; facilitador del desarrollo ajeno, y disposición hacia el aprendizaje y apoyo al equipo.

Debemos acabar con la cultura del «soy dueño del cortijo«. Un jefe de servicio actual se gana el respeto de todos y tiene claro que su éxito está indisolublemente vinculado a su visión de futuro, al triunfo del equipo y a la integración institucional. Mi recomendación personal después de haber visto éxitos y fracasos es colaborar y colaborar. Y cuando no sepan cómo continuar, ni dudarlo: colaborar aún más. Por cierto, reconozco que alguna vez quise, pero ya no quiero ser jefe.

Grietas internas

Cuando haces guardia tienes que afrontar el suicidio. Tarde o temprano. Es habitual. Es una situación recurrente, especialmente en algunas temporadas. O eso me parecía a mi.

Dos casos recuerdo con especial nitidez. Eran dos seres humanos muy distintos en edad y situación. Una en plena adolescencia. Con sólo 16 años. El otro en la madurez. Ambos se subieron a una buena altura y decidieron saltar al vacio para solucionar sus problemas.

Tuvimos que arreglar sus cuerpos dañados, el tórax, el abdomen y sus órganos contundidos por el impacto contra el suelo. Con el esfuerzo de todo el equipo, conseguimos que los dos salieran adelante.

“¿Qué les digo yo ahora?” me pregunté mientras me quitaba los guantes y salía a hablar con las familias.

Estaban desolados, angustiados, tristes. Les conté que todo había salido bien y que, con un poco de suerte, pronto tendrían a sus hijos en casa.

Pero en estos casos, para mi es igual que los hijos sean jóvenes o mayores. Siempre intentaba no pensar, borrar de mi cabeza la idea de que esa gente, en un instante, había pasado de una vida normal a cargar para siempre con una pena infinita.

“¿En qué nos confundimos?”

Podemos arreglar esos cuerpos dañados y pretender que esas figuras que parecían en buena condición, pero que vistas de cerca contenían grandes grietas internas, vuelvan otra vez a la normalidad.

Pero la duda más grande cuando dejaba a la familia y me quedaba solo era: ¿Quién arreglará sus heridas invisibles?

Y ¿cómo curaré yo las que me produce a mí todo esto?

Cirugía laparoscópica en la enfermedad de Crohn

La enfermedad de Crohn es una afectación inflamatoria intestinal, de causa desconocida, que supone un reto en la toma de decisiones y en la técnica quirúrgica. Lamentablemente, es imposible conseguir su curación ni médica ni quirúrgicamente.

Aproximadamente entre el 75%-80% de los pacientes con enfermedad de Crohn necesitarán a lo largo de su vida someterse a algún procedimiento quirúrgico, bien sea por enfermedad perianal o abdominal.

La cirugía abdominal está indicada cuando aparecen complicaciones de la enfermedad, como obstrucción, sepsis intraabdominal o hemorragia.

Un grave problema de las cirugías repetidas sobre el intestino es que pueden conducir a resultados muy incapacitantes, con el síndrome de intestino corto como la máxima expresión. Además, la cirugía por laparotomía puede causar deformidades estéticas (sin contar las ostomías) y formación de adherencias que afectan aún más la calidad de vida de los pacientes con enfermedad de Crohn.

La cirugía laparoscópica puede ser una buena alternativa en un buen número de pacientes. A continuación presento una revisión sobre el uso de este abordaje.

Pobre Esculapio

Hay un texto circulando por las redes sobre lo que significa ser médico. Como toda buena leyenda urbana lo atribuyen al «dios» griego de la medicina, Esculapio, hijo de Apolo y Coronis.

El pobre Esculapio debería revolverse por ser sometido a dos castigos. El primero, morir por un rayo lanzado por Zeus, que no estaba nada contento con sus labores de cirujano para restaurar la vida de los muertos. El segundo, atribuirle unas palabras a su hijo que nunca escribió.

Sin embargo, conviene releerlo porque algunas de las cosas que dice el texto siguen estando vigentes, a pesar de la evolución de la profesión médica.

”¿Quieres ser médico, hijo mío? Aspiración es ésta de un alma generosa, de un espíritu ávido de ciencia. ¿Deseas que los hombres te tengan por un Dios que alivia sus males y ahuyenta de ellos el espanto? Has pensado bien en lo que ha de ser tu vida? Tendrás que renunciar a la vida privada; mientras la mayoría de los ciudadanos pueden, terminada su tarea, aislarse de los importunos, tu puerta quedará siempre abierta a todos; a toda hora del día o de la noche vendrán a turbar tu descanso, tus placeres, tu meditación; ya no tendrás horas que dedicar a la familia, a la amistad o al estudio; ya no te pertenecerás. Los pobres, acostumbrados a padecer, no te llamarán sino en caso de urgencia; pero los ricos te tratarán como a esclavo encargado de remediar sus excesos. Habrás de mostrar interés por los detalles más vulgares de su existencia, decidir si han de comer ternera o cordero, si han de andar de tal o cual modo cuando se pasean. No podrás ir al teatro, ausentarte de la ciudad, ni estar enfermo; tendrás que estar siempre listo para acudir tan pronto como te llame tu amo.

Eras severo en la elección de tus amigos; buscabas la sociedad de los hombres de talento, de artistas, de almas delicadas; en adelante, no podrás desechar a los fastidiosos, a los escasos de inteligencia, a los despreciables. El malhechor tendrá tanto derecho a tu asistencia como el hombre honrado: prolongarás vidas nefastas, y el secreto de tu profesión te prohibirá impedir crímenes de los que serás testigo.

Tienes fe en tu trabajo para conquistarte una reputación: ten presente que te juzgarán, no por tu ciencia, sino por las casualidades del destino, por el corte de tu capa, por la apariencia de tu casa, por el número de tus criados, por la atención que dediques a las charlas y a los gustos de tu clientela. Los habrá que desconfiarán de ti si no usas barba, otros si no vienes de Asia; otros, si crees en los dioses; otros, si no crees en ellos. Te gusta la sencillez: habrás de tomar la actitud de un augur. Eres activo, sabes lo que vale el tiempo: no habrás de manifestar fastidio ni impaciencia; tendrás que soportar relatos que arranquen del principio de los tiempos para explicarte un cólico; ociosos te consultarán por el solo placer de charlar. Serás el vertedero de sus disgustos, de sus nimias vanidades. Sientes pasión por la verdad, ya no podrás decirla. Tendrás que ocultar a algunos la gravedad de su mal; a otros, su insignificancia, pues les molestaría. Habrás de ocultar secretos que posees, consentir en parecer burlado, ignorante, cómplice. Aunque la Medicina es una ciencia oscura, a quien los esfuerzos de sus fieles van iluminando de siglo en siglo, no te será permitido dudar nunca, so pena de perder todo crédito. Si no afirmas que conoces la naturaleza de la enfermedad, que posees un remedio infalible para curarla, el vulgo irá a charlatanes que venden la mentira que necesita. No cuentes con agradecimientos: cuando el enfermo sana, la curación es debida a su robustez; si muere, tú eres el que lo ha matado. Mientras está en peligro te trata como un dios, te suplica, te promete, te colma de halagos; no bien está en convalecencia, ya le estorbas, y cuando se trata de pagar los cuidados que le has prodigado, se enfada y te denigra. Te compadezco si sientes afán por la belleza: verás lo más feo y repugnante que hay en la especie humana, todos tus sentidos serán maltratados. Habrás de pegar tu oído contra el sudor de pechos sucios, respirar el olor de míseras viviendas, los perfumes harto subidos de las cortesanas, palpar tumores, curar llagas verdes de pus, fijar tu mirada y tu olfato en inmundicias, meter el dedo en muchos sitios. Cuantas veces, un día hermoso, lleno de sol y perfumado, o bien al salir del teatro, de una pieza de Sófocles, te llamarán para un hombre, que molestado por dolores de vientre, pondrá ante tus ojos un bacín nauseabundo; diciéndote satisfecho: “Gracias a que he tenido la precaución de no tirarlo”. Recuerda, entonces, que habrá de parecer que te interesa mucho aquella deyección.

Hasta la belleza misma de las mujeres, consuelo del hombre, se desvanecerá para ti. Las verás por la mañana desgreñadas, desencajadas, desprovistas de sus bellos colores y olvidando sobre los muebles parte de sus atractivos. Cesarán de ser diosas para convertirse en pobres seres afligidos de miserias sin gracia. Sentirás por ellas más compasión que deseos. Tu vida transcurrirá como a la sombra de la muerte, entre el dolor de los cuerpos y de las almas, entre los duelos y la hipocresía que calcula a la cabecera de los agonizantes: la raza humana es un Prometeo desgarrado por los buitres. Te verás solo en tus tristezas, solo en tus estudios, solo en medio del egoísmo humano. Ni siquiera encontrarás apoyo entre los médicos, que se hacen sorda guerra por interés o por orgullo.

Únicamente la conciencia de aliviar males podrá sostenerte en tus fatigas. Piensa mientras estás a tiempo; pero si, indiferente a la fortuna, a los placeres de la juventud; si sabiendo que te verás solo entre las fieras humanas, tienes un alma bastante estoica para satisfacerse con el deber cumplido sin ilusiones; si te juzgas bien pagado con la dicha de una madre, con una cara que sonríe porque ya no padece, o con la paz de un moribundo a quien le ocultas la llegada de su muerte: si ansías conocer, penetrar todo lo trágico de su destino, entonces sí… ¡Hazte médico, hijo mío!”.

Innovación en Cirugía en el British Journal of Surgery

Como miembro del Editorial Board de BJS, me siento especialmente satisfecho por los pasos que está dando la revista para estimular la difusión de la innovación.

En el mes de Enero se ha publicado un número especial, de acceso abierto, sobre innovación en cirugía. Puedes acceder a la revista aquí

Abren el número Dejong y Earnshaw y su resumen es que la innovación es «más necesaria que nunca». Y termina con una declaración de intenciones: «El mundo necesita innovadores que reten las creencias actuales y el BJS se alegra de proporcionar un foro para compartir sus ideas con la comunidad quirúrgica«.

Me han interesado especialmente los siguientes artículos:

Pinkey y Morton nos hablan sobre los nuevos ensayos de técnicas quirúrgicas y la evaluación de las nuevas tecnologías en cirugía.

Beggs y Dilworth revisan el papel de la cirugía en la era de las «ómicas».

Y Cook y Collins analizan el auge del análisis de las bases de datos y llaman la atención sobre sus limitaciones.

En definitiva, el BJS está claramente orientado a la innovación. Antes de nada en su propio modelo. Primero apuesta por el mundo digital y las redes sociales, como demuestra la cuenta en Twitter, @BJSurgery. Además, busca abandonar las fronteras anglosajonas y busca ampliar su impacto en el mundo hispanohablante. De hecho, ya se publican los resúmenes en nuestro idioma.

Cerrar el ciclo de la vida: sueños de la infancia

Randy Pausch fue, sin duda, un ejemplo excepcional de como algunos se enfrentan a la muerte.

A la certidumbre de que todo se acaba.

A la incertidumbre de qué pasará en la vida de los demás después.

Este hombre, en sus últimas charlas, nos dio un ejemplo de como vivir y disfrutar del «hoy».

Los sueños, los sueños de la niñez, cuando se completan, cierran el ciclo de la vida.

¿Cuál es su sueño de infancia?