Crear Hubs

Estoy parado en Nueva York. Después de levantarme a las 3:00 am y despegar a las 6:30 am de San Diego, me toca esperar a la conexión con Madrid. Llegaré mañana por la mañana a Barajas.

Estos viajes tan largos no me suelen cansar demasiado. Primero, porque me gustan los aeropuertos y los aviones. Me encanta mirar a la gente con la que me cruzo e imaginarme historias, ya sean sobre su pasado, su presente o del futuro. Segundo, porque es una de las pocas ocasiones en que puedo tomarme tiempo para reflexionar sobre lo que me ha pasado y hacia dónde puedo dirigirme.

Ahora mismo, según leo tuits, compruebo que construir intercambiadores, «hubs» de información y conocimiento, puede resultar interesante. En mi caso, relacionados con la profesión médica en todas sus vertientes y con la innovación en tecnología biomédica. Pero no hace falta quedarse en la mera medición de actividad o en el lucimiento como «TweetStar». Hay que ver si somos capaces de inducir cambios en el sistema.

Un ejemplo de éxito es #colorectalsurgery. Lanzamos el hashtag para conectar a la comunidad quirúrgica especializada. Y la European Society of Coloproctology ha asumido un papel de liderazgo en la promoción de dicho ecosistema con notable éxito y con la inestimable aportación del Dr. Richard Brady.

Entre profesionales de tanta capacidad, no cabe más que compartir conocimiento, generar conexiones, promover el progreso mediante la interacción social. No tiene sentido competir. Hay que colaborar.

Y los nuevos líderes no deben ser los que más habilidad tienen para realizar una tarea específica, sino los que son capaces de entender a los demás y conectarlos entre si, sin olvidar que para liderar no hace falta ser mala persona.

Cirugía endoscópica: un viaje virtual desde la oscuridad hasta la cirugía robótica

Mayol Martínez, J. Cirugía endoscópica: un viaje virtual desde la oscuridad hasta la robótica. Seclaendosurgery.com. (en línea) 2002, no, 1. Disponible en Internet: http://www.seclaendosurgery.com/seclan1/art21.htm. ISSN: 1698-4412.

INTRODUCCIÓN.

En el siglo pasado, la cirugía endoscópica ha sido el avance definitivo. Actualmente los cirujanos interaccionan con los órganos a través de mínimas incisiones de manera que se reduce el estrés quirúrgico causado por las grandes heridas. Esta revolución es el resultado tanto de la curiosidad humana como de los más recientes avances de la tecnología. En esta revisión pretendemos analizar, desde una perspectiva histórica, las contribuciones más relevantes desde el punto de vista conceptual y técnico que llevaron a nuestros antecedesores desde la búsqueda de una buena iluminación, que terminó con la invención de la luz incandescente, hasta la primera colecistectomía laparoscópica y el desarrollo explosivo de los procedimientos laparoscópicos. Sin embargo, la revolución laparoscópica no ha acabado y sólo el tiempo dirá hasta dónde nos conducirá.

“A rose is a rose is a rose…”

La cirugía videoscópica es el último gran avance de la Medicina Moderna. Términos como cirugía de cerradura (keyhole) o cirugía mínimamente invasiva se acuñaron para dar nombre a un nuevo concepto: un abordaje menos agresivo de los órganos intracavitarios. Sin embargo, ninguna de estas denominaciones describía satisfactoriamente el cambio cualitativo que había tenido lugar en el ambiente quirúrgico durante la última década del siglo XX. Este atrevido avance es el resultado tanto de la curiosidad como del increíble progreso tecnológico, aunque tanto el entusiasmo como el escepticismo han sembrado el camino de este nueva técnica. En esta revisión vamos a discutir las contribuciones realizadas al desarrollo de la cirugía endoscópica y laparoscópica desde una perspectiva histórica.

LA BÚSQUEDA DE LA LUZ

Aunque la primera descripción sobre el uso de un espéculo para la exploración del recto se remonta a Hipócrates (1), lo cierto es que durante muchos siglos la exploración de las vísceras intracavitarias se vio obstaculizada por la ausencia de una iluminación adecuada. Por tanto, los cirujanos durante este tiempo practicaron su oficio en la oscuridad, guiados únicamente por los síntomas y signos externos de la enfermedad.

A comienzos del Siglo XIX, Philip Bozzini (2) hallo un primer camino para avanzar en la oscuridad mediante el Lichleiter o conductor de luz, que le permitió explorar la uretra de un paciente mediante un tubo y la luz de una vela. Sin embargo, este diseño histórico fue recibido por sus colegas con escepticismo. Otros muchos siguieron los pasos de Bozzini. Segalas en Paris(2), John Fisher en los Estados Unidos (3) y Desormeaux en Paris (4) desarrollaron diferentes modelos de cistoscopios para explorar la vejiga y la uretra. Éste diseñó un instrumento que se servía de espejos para hacer pasar la luz a través. La fuente de luz era una mezcla de alcohol y turpentina.

En esta búsqueda de la luz, Nitze presentó un cistoscopio con iluminación mediante un alambre de platino que era refrigerado por agua (3,4). Este diseño se basaba en las contribuciones de Bruck, un dentista que utilizó la misma tecnología para iluminar la cavidad bucal. Nitze tenía interés por realizar fotografías a través del cistoscopio, por lo que contactó con Laiter, en Viena, para integrarle en el proyecto. Pero su colaboración se vio interrumpida por rivalidades profesionales, como tantas otras veces.

Thomas Edison inventó (patentó) la luz incandescente en 1879 y Newman la miniaturizó para poder utilizarla con un cistoscopio. Éste fue el diseño precursor del laparoscopio (3). Sin embargo, no fue hasta 1902 cuando Kelling (5), un cirujano alemán de Dresde, realizó la primera laparoscopia mediante un cistoscopio en la cavidad abdominal de un perro. Aunque nada se publicó al respecto, parece que Kelling también realizó el procedimiento en dos pacientes y utilizó el aire ambiente para crear el neumoperitoneo, que él consideraba esencial para conseguir una buena exposición.

La primera experiencia publicada en humanos fue presentada en 1910 por Jacobeaus (6), que fue el primero en acuñar el término laparoscopia. Presentó su serie de 115 procedimiento con una única complicación debida al sangrado. Dimitri von Ott (7) también reclamó haber sido el primero en realizar una laparoscopia, pero su técnica era diferente. En este caso procedía a realizar una incisión en la cúpula vaginal para conseguir acceso a la pelvis y a la cavidad peritoneal mediante un espéculo. Por tanto, se le debe considerar como precursor de la cirugía laparoscópica ginecológica.

LOS AÑOS DEL OLVIDO

Tras un cierto interés inicial por la técnica, sólo algunos cirujanos utilizaron este abordaje y, fundamentalmente, con fines diagnósticos. El primer libro de texto sobre la materia fue publicado por un alemán, Korbsch, en 1927 mientras que otro compañero, Kalk (8), popularizaba el uso de un sistema de visión oblicuo que había desarrollado previamente Kramer al final de la década de los 20. El riesgo de lesión visceral durante la inserción de los trócares ya era motivo de preocupación. De hecho, Orndoff, un internista que había comunicado su experiencia con pacientes sometidos a una laparoscopia diagnóstica con un trocar piramidal (9), creía que la fluoroscopia podía ser una herramienta útil para prevenir las lesiones intraabdominales. El propio Orndoff desarrollo un trócar piramidal que todavía está en uso.

No transcurrió mucho tiempo antes de que los clínicos reconocieran que la creación del neumoperitoneo antes de la inserción de los trócares servía como medida preventiva contra las lesiones por trócar. Goetze desarrolló una aguja especial para la insuflación abdominal que luego fue mejorada por el diseño de Janos Veress (10). Esta aguja con muelle sigue en uso en la actualidad, aunque originalmente se diseñó no para la insuflación abdominal, sino muy al contrario, para producir neumotórax. La utilización del dióxido de carbono para el neumoperitoneo fue propuesta por Zollikofer a comienzo de la década de los 20 (11), y este gas no ha sido reemplazado por ningún otro desde entonces debido a su rápida absorción y a que no es combustible.

El otro cirujano que apoyó con entusiasmo el desarrollo de la laparoscopia como herramienta diagnóstica, con poco éxito, fue Ruddock en Chicago (11). Tuvo la intuición de utilizar la laparoscopia para explorar la cavidad y obtener biopsias para el estudio histológico. Ya en 1937 presentó una gran serie de pacientes sometidos a laparoscopia, que debe ser valorada por su baja mortalidad y su precisión diagnóstica del 92%. Pocos más contribuyeron a la promoción del procedimiento y entre ellos Benedict, un gastroenterólogo, y Waug, un cirujano (11). Éste consideraba que la precisión diagnóstica de la laparoscopia para los cánceres intraabadominales no tenía comparación con ninguna otra exploración. En el ámbito de la ginecología, Palmer fue el principal defensor del procedimiento(12). Él también mostró su preocupación por el impacto de las presiones del neumoperitoneo sobre los pacientes y opinaba que la presión intraabdominal no debía superar los 25 mmHg. En los 50 Frangenheim (13), que diseñó el primer insuflador automático de dióxido de carbono, comunicó otro tipo de complicaciones. Describió con detalle el enfisema subcutáneo, el embolismo aéreo, la perforación intestinal, la hemorragia y las lesiones por calor.

Pero durante muchos años únicamente los ginecólogos practicaron la laparoscopia y la llegaron a utilizar como herramienta terapéutica. De hecho, Kurt Semm puede ser considerado uno de los primeros cirujanos que extirparon el apéndice por laparoscopia. Además, desarrolló un buen número de instrumentos para la laparoscopia terapéutica y un dispositivo automático de insuflación controlada. Durante la misma década, Harold Hopkins, un físico de Oxford, introdujo un sistema de transmisión de luz mediante varillas, lo que supuso un gran avance. Este diseño mejoraba la vision y la resolución de las ópticas. En colaboración con Karl Storz se consiguió la producción de los laparoscopios que utilizamos en la actualidad en los quirófanos.

Durante los años 70, Hasson (14) describió la técnica de acceso a la cavidad peritoneal de manera abierta y comparó sus resultados con los obtenidos con el procedimiento ciego, que requiere la introducción de una aguja de Veress.

La contribución de lo cirujanos generales a la promoción de la laparoscopia era escasa por esas fechas. A finales de los años 70, Berci, Cuschieri y Warshaw estaban entre los pocos que comunicaban el uso de la laparoscopia como método diagnóstico en cirugía general.

EL SALTO FINAL

El salto final hasta el uso actual de la cirugía videoscópica tuvo lugar en los años 80. Eric Mühe, un cirujano alemán, realizó la primera colecistectomía laparoscópica en 1985. Poco después Mouret, en Lyon, llevó a cabo una colecistectomía laparoscópica en una paciente sometida a una intervención ginecológica, pero no la publicó. En 1988, mientras que Francois Dubois realizaba una de sus minicolecistectomías, su enfermera, Claire Jeaupitre, le comentó que la vesícula se podía extraer de la cavidad abdominal por incisiones aún menores de las que él mismo utilizaba. Tras contactar con Mouret y ver la grabación en vídeo (15), Dubois comenzó a aprender las técnicas laparoscópicas en modelos animales y realizó su primera colecistectomía laparoscópica en abril de 1988. Otros, como Perissat en Francia o McKernan en los Estados Unidos siguieron sus pasos. Cientos de cirujanos fueron a aprender la técnica directamente de los pioneros franceses y americanos, lo que dio origen a lo que es comúnmente conocido como la SEGUNDA REVOLUCIÓN FRANCESA.

Desde entonces han aparecido más procedimientos laparoscópicos. Por ejemplo, la apendicectomía laparoscópica fue realizada por primera vez por Debrock en Alemania como procedimiento asistido y la primera experiencia fue publicada por Schreiber en 1987 (16), que tiene el honor de ser el primer cirujano que extirpó un apéndice con inflamación aguda por laparoscopia. Otros atrevidos cirujanos laparoscopistas introdujeron otras técnicas: las de sutura intracorpóreas se deben a Szabo (17).

Kathouda y Mouiel describieron la vagotomía y la seriomiotomía laparoscópica, seguidos por Zucker y Bailey con la vagotomía supraselectiva. La exploración transcística de la vía biliar principal fue comunicada posteriormente por Phillips y Petelin (18). Dallemagne y Hunter (19) popularizaron la reparación laparoscópica del hiato esofágico en el tratamiento del reflujo y la hernia de hiato. E incluso los pacientes oncológicos se beneficiaron del abordaje laparoscópico. De hecho, Peter Goh (20) describió la gastrectomía laparoscópica. Actualmente, hay una gran cantidad de procedimientos que se pueden llevar a cabo por abordaje endoscópico.

La industria se vio sacudida por el terremoto de la laparoscopia. La competición por el mercado llevó al desarrollo de múltiples instrumentos y a la mejora de los sistemas ópticos. Los sistemas laparoscópicos de sutura-grapado supusieron una enorme ayuda para ampliar las opciones terapéuticas. Los sistemas robóticos de sujección de la cámara permiten al cirujano la realización de intervenciones complicadas con menos ayudantes, y la tecnología de 3D puede servir potencialmente en las técnicas quirúrgicas avanzadas.

Sin embargo, la revolución que se inició con la colecistectomía laparoscópica ha enlentecido su paso. Ahora es más difícil encontrar nuevos caminos para realizar nuevos procedimientos por vía endoscópica y obtener los mismos resultados con la vía abierta. En palabra de Nagy y Patterson (21): “Hay muchos escépticos en la comunidad quirúrgica. Sin embargo, el escepticismo parece alimentar el entusiasmo de los verdaderos creyentes en la cirugía laparoscópica…”. Sólo el tiempo lo dirá.

BIBLIOGRAFÍA

1. Semm K. Atlas of gynecologic laparoscopy and hysteroscopy. Philadelphia: W.B. Sanders, 1977.

2. Edmonson JM. History of the instruments for gastrointestinal endoscopy. Gastrointest Endosc 1991;37 (suppl):27-56

3. Belt AE, Charnock DA. The cystoscope and its use. En: Cabot H. Ed. Modern urology. Philadelphia:Lea & Febiger, 1936:15-50.

4. Gunning JE. The history of laparoscopy. J Reprod Med 1974; 12:222-226

5. Kelling G. Ueber oesophagoskopie, gastroskopie un kolioscopie. Munich Med Wochenschr 1902;1:21-24.

6. Jacobaeus HC. Ueber die möglichkeit die zystoskopie bei untersuchung seröser höhlungen anzuwenden. Munich Med Wochenschr 1910;57:2090-2092

7. Ott D. Illumination of the abdomen (ventroscopia). J Akush Zhensk Boliez 1901;15:1045-1049.

8. Kalk H. Erfafungen mit der laparoskopie. Z Klin Med 1929;111:303-348.

9. Orndoff BH. The peritoneoscope in diagnosis of diseases of the abdomen. J Radiol 1920;1:307-325.

10. Veress J. Neus instrument zur ausfürung von brust-oder bauchpunktionen und pneumothoraxbehandlung. Dtsch Med Wochenschr 1939;64:1480-1481.

11. Anderson JR, Dockerty MB, Waugh JM. Peritoneoscopy: an evaluation of 396 examinations. Proc Mayo Clin 1950;25:601-605.

12. Palmer R. Instrumentation et technique de la coelioscopie gynecologique. Gynecol Obstet 1947 ;46 :420-431.

13. Frangenheim H. History of endoscopy. En: Gordon AG, Lewis BV ed. Gynecological endoscopy. Londres: Chapman & Hall, 1988;1.1-1.5

14. Hasson HM. Open laparoscopy vs. closed laparoscopy: a comparison of complication rates. Adv Plan Prevent 1978;13:41-50.

15. Litynski GS. Highlights in the history of laparoscopy. Frankfurt: B Bernett Verlag, 1996.

16. Schreiber JH. Early experience with laparoscopic appendectomy in women. Surg Endosc 1987;1:211-216.

17. Szabo Z, Hunter J, Berci G et al. Analysis of surgical movements during suturin in laparoscopy. Endosc Surg Allied Technol 1994;2:55-61

18. Petelin JB. Laparoscopic approach to common bile duct pathology. Surg Laparosc Endosc 1991;1:33-44.

19. Hunter JG, Trus TL, Brauum GD et al. A physiologic approach to laparoscopic funduplication for gastroesophageal reflux disease. Ann Surg 1996;223:673-685.

20. Goh P, Tekant Y, Isaac Y et al. The technique of laparoscopic Bilroth II gastrectomy. Surg Laparosc Endosc 1992;2:258-260

21. Nagy AG, Patterson EJ. Laparoscopic surgery. En Zucker K ed. Surgical laparoscopy. Lippincot & Williams. 2000:1-11.

XXI Congreso de la SEIQ

Se ha terminado. Después de un año de preparación, dos días de ejecución y fin. Para siempre. Nunca más volverá a ser.

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Los días 15 y 16 de Octubre de 2015 hemos celebrado en el Departamento de Cirugía de la Facultad de Medicina de la UCM el XXI Congreso de la Sociedad Española de Investigaciones Quirúrgicas. En la inauguración contamos con la presencia del Prof. Lizasoain, Vicerrector de Investigación y el Prof. Alvarez-Sala, Decanosde la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid.

La participación ha sido muy destacada, con 180 inscritos, 150 comunicaciones de las que 90 fueron presentaciones orales, 51 pósters y 9 vídeos. Todo ello demuestra que la I+D+i sigue siendo motivo de interés para los cirujanos. Sin embargo, lo importante ha sido la participación de muchos residentes y estudiantes. Estos últimos han aprovechado la oportunidad que brinda la SEIQ, con sus becas orientadas a fomentar la cultura científica e investigadora de los más jóvenes. No sólo han asistido a las sesiones, sino que han participado activamente.

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Los estudiantes han destacado por hacer presentaciones de gran calidad, con rigor, precisión y brillantez, incluso mayor que la de profesionales mucho más experimentados. Por ello les hemos premiado, con un premio al mejor póster y con tres premios a jóvenes investigadores. Porque en la SEIQ nos gusta reconocer y premiar el esfuerzo, la motivación y el interés por la investigación.

También hemos continuado favoreciendo la interacción de ingenieros y cirujanos, con la presencia de la Sociedad Española de Ingeniería Biomédica, cuyo secretario, el Prof. Enrique Gómez, presidió una de las mesas redondas junto con el Presidente de la SEIQ, el Prof. García-Alonso.

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Se han presentado trabajos en el más amplio espectro de la I+D+i, como los modelos quirúrgicos, el estudio de las rutas celulares, el análisis clínico de los resultados de las diversas técnicas o, incluso, el estudio del impacto de las redes sociales en las publicaciones científicas.

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Nuestro congreso ha tenido también participación internacional con conferencias y comunicaciones de Francia, Reino Unido y Portugal. Y empezó el Prof. Raul Paus, de la Universidad de Manchester, que nos ilustró sobre las aplicaciones del conocimiento del folículo pilosebáceo en la cicatrización.

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Quiero destacar, también, la conferencia del BJS impartida por la Dra. Gabriella Pittau y que nos mostró las aplicaciones de las cámaras de fluorescencia en la cirugía hepática. No sólo fue una conferencia de utilidad para los cirujanos digestivos, sino que otros especialistas detectaron posibilidades para sus pacientes.

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El año que viene el XXI Congreso se celebrará en Cáceres, organizado por el Centro de Cirugía de Mínima Invasión Jesús Usón. Allí nos veremos.

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ESCP 2015

Hoy ha acabado el Congreso de la European Society of Coloproctology, que se ha celebrado en Dublín del 23 al 25 de Septiembre. Afortunadamente, tanto el contenido científico del congreso como el tiempo en Irlanda han sido muy favorables.

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Científicamente, la combinación de nuevas técnicas para el tratamiento de los tumores rectales junto con los continuos debates sobre la preparación mecánica del colon para la cirugía electiva del cáncer colorrectal y su impacto en los resultados a corto y largo plazo ha sido la adecuada para mantener la atención de una nutrida asistencia de cirujanos colorrectales de toda Europa.

Resulta interesante observar el gran empuje científico y comercial por desarrollar técnicas y dispositivos que faciliten el abordaje mínimamente invasivo y transanal a los tumores rectales. TEM/TEO y TAMIS son las grandes opciones que se debaten, con indicaciones muy dependientes de la destreza del grupo que lo usa. Y en debate continuo con la resección en «sacabocados» de la endoscopia.

Sin embargo, seguimos con las mismas barreras en cuanto a la correcta estadificación tumoral y la estratificación del riesgo de los pacientes con este tipo de tumores. Los métodos de imagen tienen limitaciones importantes a la hora de ofrecernos información sobre la afectación tumoral de los ganglios linfáticos en el cáncer de recto. Y además, los cambios postquirúrgicos también dificultan la valoración de la recidiva.

El lugar de la plataforma Da Vinci en cirugía colorrectal sigue siendo objeto de análisis con resultados consistentes: no ofrece ventajas significativas a los pacientes.

La preparación mecánica para cirugía del cáncer de colon parecía clara, pero están surgiendo estudios que la cuestionan por los peores resultados de supervivencia a largo plazo en aquellos que se omitió. ¿La causa? Se desconoce. Es una mera observación. Sin embargo, en el cáncer de recto sigue considerándose necesario realizar preparación intestinal.

Interesante fue también el debate sobre la cirugía paliativa, al final de la vida. El análisis ético y humano resultó impecable, pero con escasas pruebas de calidad que ofrecer.

Además, y entre los eventos sociales, hay que destacar el nombramiento de Steven Wexner como miembro de honor de la European Society of Coloproctology. Steven Wexner es uno de los cirujanos colorrectales más prolíficos surgidos de la escuela de Stanley Goldberg en Minneapolis.

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En resumen, puedo decir que he disfrutado del congreso y de algunas estupendas presentaciones, pero que vuelvo desilusionado porque los problemas principales no terminan de resolverse. Y ando un poco cansado de escuchar eso de «more research is needed». Por supuesto que se necesita más investigación. Pero si tu trabajo necesita más investigación es que no ha servido para responder a la hipótesis o pregunta científica que te llevó a realizarlo.

Y para empezar, o finalizar, la Hakarena, coincidiendo con el Mundial de Rugby

TouchSurgery: el cirujano global.

Hace ya un par de semanas que en el Servicio de Cirugía General y del Aparato Digestivo del Hospital Clínico San Carlos estamos utilizando TouchSurgery. Por ello me gustaría compartir una primera evaluación de su uso.

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Antes de nada, tengo que agradecer a Jean Nehme, cofundador de la plataforma de simulación quirúrgica, la oportunidad de convertirnos en el primer hospital europeo que la incorpora para formar a sus residentes.

La aplicación está disponible tanto en la Apple Store como en Google Play, ya que se puede usar en dispositivos con ambos sistemas operativos. Es fácilmente configurable y muy «usable».

Todavía hay un número limitado de procedimientos, que en cirugía general y digestiva se centran en el abordaje laparoscópico de la apendicitis y en la colecistectomía (están disponibles otros procedimientos de cirugía abierta).

Destaca la calidad de los gráficos, lo que no es sorprendente si se tiene en cuenta que en el equipo de producción hay gente que ha trabajado en Pixar. Los procedimientos son estructurados por profesionales de reconocido prestigio, como Rafael Grossmann y están disponibles en inglés y español.

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He probado TouchSurgery tanto en iPad como en iPhone 6 Plus, y en ambos dispositivos resulta fácil y cómodo de usar. Por lo que he podido comprobar directamente, la plataforma permite aprender y «practicar» procedimientos quirúrgicos de distintas especialidades, de una manera intuitiva y «cuantificable». Ayuda, también, a ejercitar aspectos cognitivos y de coordinación ojo-mano, aunque sea en dos dimensiones.

El aprendizaje a través de TouchSurgery, que puede parecer más necesario para estudiantes y residentes de primeros años, resultará muy relevante – si se incorporan más procedimientos de mayor complejidad – para residentes mayores e incluso adjuntos que pretenden iniciarse en nuevas técnicas.

Además, TouchSurgery facilita la interacción entre profesionales en formación y sus tutores, al permitir que compartan experiencias, comentarios e incluso fotografías de casos clínicos o artículos.

Los tutores tienen acceso a las calificaciones y al progreso de los residentes según avanzan por los distintos procedimientos. Así, será posible identificar áreas que precisen de especial atención y refuerzo en el entrenamiento.

En mi opinión, TouchSurgery supone un avance definitivo en el uso de la simulación quirúrgica para la educación y entrenamiento de los cirujanos del siglo XXI. Por primera vez, es posible acceder de manera ubicua a simulación de muchísima calidad, sin los requerimientos de recursos humanos y materiales que lastran los centros de simulación que se han creado internacionalmente.

Quedan muchas cosas por mejorar, número y complejidad de los procedimientos, «customización» de las técnicas (que pueden diferir entre centros y escuelas), creación de simulaciones «en equipo» (que permitan formar a equipos de alto rendimiento conjuntamente), validación de la evaluación, etc. Pero aún así, estoy convencido de que TouchSurgery va a transformar la educación y el entrenamiento en cirugía. Porque ya no te entrenaras sólo en tu centro, lo harás con los mejores profesionales en cualquier parte del mundo.

TouchSurgery convertirá a los cirujanos del siglo XXI en cirujanos globales.

Innovación Quirúrgica

Lord Ara Darzi of Dedham es un líder de la cirugía y la sanidad británica, profesor del Imperial College de Londres, con especial dedicación a la cirugía mínimamente invasiva y a la cirugía robótica.

Ha sido parte del gobierno británico y un importante defensor de la innovación quirúrgica. Por ello, se le invitó a ofrecer su opinión sobre el número extraordinario de «Surgical Innovation» en el British Journal of Surgery (acceso libre).

Michael DeBakey

El Viernes 11 de Julio de 2008, con 99 años, murió Michael Ellis DeBakey (Michael Dabaghi), uno de los mejores cirujanos del siglo XX.

Curiosamente, pocos días antes, mientras volvíamos al Euroforum Felipe II desde El Escorial, John Alverdy (@jcalverdy) me contó un par de anécdotas sobre el Dr. DeBakey.

Michael DeBakey fue un cirujano innovador que, ya con 23 años y mientras estaba en la Universidad de Tulane, hizo sus primeras contribuciones a la cirugía con una bomba, que luego sería importante para las máquinas de circulación extracorpórea. Además, diseño todo tipo de pinzas e instrumentos, como las famosas pinzas vasculares de disección más conocidas como “unas DeBakey”.

Y una de las anécdotas que contaba John estaba relacionada con esa capacidad de invención y su relación con las instrumentistas. Una de ellas estaba muy nerviosa el primer día que tenía que lavarse para instrumentar al “gran cirujano” y no estaba segura de conocer el nombre de todas las pinzas e instrumentos que podía pedirle. Otro cirujano le dijo que no se preocupara, porque cuando el Dr. DeBakey extendía la mano lo único que pedía era “un DeBakey”, ya que todo el instrumental que se ponía sobre la mesa había sido diseñado por él y llevaba su nombre.

Más curiosa fue su estrecha y tormentosa relación con su amigo/enemigo, el cirujano Denton Cooley. Durante muchos años trabajaron codo con codo en Houston hasta que, según cuenta la revista Life, en 1969 se pelearon porque Cooley había implantado el primer corazón artificial en un humano sin el consentimiento de DeBakey.

La otra anécdota es que un día que llegaba con retraso en su Ferrari rojo, DeBakey fue multado por un policia por aparcarlo indebidamente. El afamado cirujano, que llegaba tarde al quirófano, le dijo al policia “¿Usted no sabe quién soy yo? Tengo un paciente esperando en el quirófano”. El policía seguía escribiendo la multa sin hacer caso. Y DeBakey seguía protestando y cuestionando al agente hasta que, harto, el policía le dijo “No sé quien es usted, pero me daría igual si fuera usted el Dr. Cooley, porque le pondría igualmente la multa”. Esa enemistad duró 4 décadas, hasta 2007, momento en el cual Michael DeBakey invitó a Denton Cooley a la gala de la entrega de la Medalla de Oro del Congreso.

El Dr. DeBakey siguió practicando la cirugía casi hasta su muerte y se cuenta que debió operar a uno 60.000 pacientes en toda su vida. Pero en Diciembre de 2005, a los 97 años, él mismo se diagnosticó una disección aórtica. “No sabía si llamar a mi médico de familia o al 911″, dijo.

Al principió se opuso a ser intervenido, pero luego quedó inconsciente y el equipo quirúrgico decidió operarle, con la aprobación del Hospital, convirtiéndose en el paciente de mayor edad que ha sido nunca intervenido mediante una técnica quirúrgica diseñada por el mismo: La operación de DeBakey.

Evidentemente, el postoperatorio no fue fácil, le mantuvo ingresado durante meses y costó más de un millón de dolares en cuidados médicos. Pero tras ser dado de alta, y pese a su inicial oposición, dio las gracias al equipo que le intervino por haberlo hecho.

A las 9:38 pm, hora de Texas, del día 11 de Julio de 2008, (4:38 am del día 12, hora española) y por causas naturales, el Dr. Michael DeBakey murió en el Hospital Metodista de Houston.

Ya no quiero ser jefe

Otra de mis tribunas publicadas en Diario Médico (Mayo 2007, 8 años): Ya no quiero ser jefe

Si este proyecto no lo lidero yo, no saldrá adelante”.

Son palabras pronunciadas por un jefe de servicio en una reunión en la que se le proponía colaborar en un proyecto multidisciplinar. Podemos estar seguros de que hará todo lo posible para que su premonición se cumpla ¿Un ejemplo de liderazgo? ¿De gestión moderna y de calidad? ¿De apuesta de futuro para la institución? En realidad, a ese tipo pasivo-agresivo de jefatura nos enfrentamos frecuentemente muchos profesionales y el resultado es un desánimo permanente que conduce a la parálisis en la búsqueda de la excelencia. Es la cultura soy el dueño del cortijo. Pero, ¿debe ser esto así? ¿hay que aceptarlo? ¿existen maneras de superarlo?-

Toda institución sanitaria tiene jefes clínicos que coordinan la actividad de sus compañeros y sirven de interfaz con los gestores, con el fin de obtener los mejores resultados para los pacientes dentro de esa lucha continua por la excelencia. Hasta la ley lo reconoce, pero no identifica ni las características ni las habilidades necesarias para el cargo. Funcionalmente, suelen dividirse de manera espontánea en tres grandes grupos: buenos, regulares y nefastos, porque ser mal jefe de servicio es nefasto para todos los que le rodean, para los pacientes, para la institución y para el propio sistema. Es en este grupo en el que suelen militar los que más repiten al gerente o político de turno: “Yo quiero ser jefe”. Desafortunadamente, querer ser jefe no es suficiente, ni siquiera necesario, para participar activamente en el éxito institucional. Vivimos en un mundo en el que el conocimiento es tan basto y pluridisciplinar que ya no funciona el flujo vertical y unidireccional de ideas. Ni de mando. Las grandes corporaciones de éxito no funcionan por mandatos unipersonales. Los jefes no son las únicas figuras que saben y saben hacer, o al menos no existe razón para que sean los que más saben. En el siglo XXI el éxito requiere capacidades personales, entrenamiento, formación y un espíritu de colaboración insaciable para compensar las carencias individuales.

Pero nadie nos entrena específicamente para ello y es la propia voluntad, la ambición y el cúmulo accidental de circunstancias lo que nos conduce a escribir (o incluso copiar) una memoria y a presentarnos ante un tribunal ad hoc para alcanzar la posición. Curiosamente, nuestro sistema jefes-eligen-jefe debe ser espectacularmente exitoso en la selección de magníficos candidatos, a la vista del escaso recambio en los puestos (el mando lo tiene todo previsto; no se equivoca nunca).

Cambios vertiginosos
Sin embargo, la práctica de la profesión va cambiando a una velocidad sin precedentes en un medio de grandes pero limitados recursos. Tal dinamismo deja en evidencia a muchos jefes de servicio. Si eso sólo les afectara a ellos personalmente sería tolerable, pero no es el caso. Así que, ¿cómo conseguir jefes de servicio para la excelencia? Resulta claro que el proceso debe cumplir cuatro fases: identificación de candidatos, selección de los más capaces, formación continuada y evaluación de resultados.

Más difícil es reconocer qué características debe poseer un buen jefe de servicio actual para considerarlo capaz. Durante las pasadas décadas se hizo un gran énfasis en las capacidades de gestión, con escaso éxito en nuestro medio, por cierto. Ahora el futuro está en el desarrollo continuo, la investigación y la innovación. Y ya se sabe, a perro viejo no se le enseñan trucos nuevos. En una profesión en constante cambio sólo tiene éxito el que se posiciona dentro de una gran red de conocimiento que le permite sacar el máximo provecho en cada situación, por lo que, siguiendo a Souba y Grigsby, creo que las diez características clave para un jefe de servicio son: experiencia administrativa; orientación al desarrollo de la institución; competencia emocional; iniciativa y resistencia; ajuste a los valores institucionales; capacidad de comunicación; habilidad para formar y liderar un equipo; orientación al resultado; facilitador del desarrollo ajeno, y disposición hacia el aprendizaje y apoyo al equipo.

Debemos acabar con la cultura del «soy dueño del cortijo«. Un jefe de servicio actual se gana el respeto de todos y tiene claro que su éxito está indisolublemente vinculado a su visión de futuro, al triunfo del equipo y a la integración institucional. Mi recomendación personal después de haber visto éxitos y fracasos es colaborar y colaborar. Y cuando no sepan cómo continuar, ni dudarlo: colaborar aún más. Por cierto, reconozco que alguna vez quise, pero ya no quiero ser jefe.

Grietas internas

Cuando haces guardia tienes que afrontar el suicidio. Tarde o temprano. Es habitual. Es una situación recurrente, especialmente en algunas temporadas. O eso me parecía a mi.

Dos casos recuerdo con especial nitidez. Eran dos seres humanos muy distintos en edad y situación. Una en plena adolescencia. Con sólo 16 años. El otro en la madurez. Ambos se subieron a una buena altura y decidieron saltar al vacio para solucionar sus problemas.

Tuvimos que arreglar sus cuerpos dañados, el tórax, el abdomen y sus órganos contundidos por el impacto contra el suelo. Con el esfuerzo de todo el equipo, conseguimos que los dos salieran adelante.

“¿Qué les digo yo ahora?” me pregunté mientras me quitaba los guantes y salía a hablar con las familias.

Estaban desolados, angustiados, tristes. Les conté que todo había salido bien y que, con un poco de suerte, pronto tendrían a sus hijos en casa.

Pero en estos casos, para mi es igual que los hijos sean jóvenes o mayores. Siempre intentaba no pensar, borrar de mi cabeza la idea de que esa gente, en un instante, había pasado de una vida normal a cargar para siempre con una pena infinita.

“¿En qué nos confundimos?”

Podemos arreglar esos cuerpos dañados y pretender que esas figuras que parecían en buena condición, pero que vistas de cerca contenían grandes grietas internas, vuelvan otra vez a la normalidad.

Pero la duda más grande cuando dejaba a la familia y me quedaba solo era: ¿Quién arreglará sus heridas invisibles?

Y ¿cómo curaré yo las que me produce a mí todo esto?