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Relatos cortos

Alexandra

Pensé en llamar a Alexandra. Tan desesperado estaba como para que se me ocurriera hacerme con uno de los móviles de mis compañeros de huída, que ahora también eran mis secuestradores, discretamente, y marcar su número, que sólo guardo en la memoria para que nadie más lo conozca. Luego restauraría el teléfono a su configuración original. Seguro que levantaba sospechas, pero no podía arriesgarme a que cualquiera de ell
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El mundo nunca es suficiente

Ella tiene una vida perfecta, pero a veces el mundo no es suficiente. Ni siquiera para ella. Cuando se levanta por las mañanas piensa que sólo es un día más. Toma su café y sale a vivir la vida. En su casa, con su marido, con sus hijos. Lindos. Rebosantes de energía. Que corren, saltan, gritan, cantan, juegan. Y su profesión, llena de responsabilidades, de reuniones y de compromisos. Los retos son diarios, pero se ah
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Némesis

El tiempo que pasamos en Nueva Orleans nos desquició a las dos. Trabajar bajo tanta presión, controlando a miles de personas como si sus vidas no valiesen nada, decidiendo cuando entraban o salían despedidos sin misericordia, fue causando pequeñas heridas internas, que confluyeron más en mi interior que en el de Rut. A ella le dolían, y tomaba su tiempo y las medidas adecuadas para curarlas. Luego intentaba ayudarme
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Rut

Rut, por qué me haces esto? √√ Me abandonaste, como a un pobre animal No tuve la culpa √√ Ya no valen las excusas Deja este estúpido juego √√ Fui tu compañera fiel Olvídate de mi √√ De ninguna manera Sabes lo que te juegas? √√ Me quedé esperando su contestación durante un tiempo interminable, pero sin recibir ningún mensaje. Por más que miraba la pantalla, no había ninguna señal que indicara que estaba conectada a la
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Satanás

Y llegó una nueva vibración. “No hay nada más triste que el silencio y el dolor” ¡Eres tú! √√ Ya no pude contestar más. Habían desaparecido todas mis dudas, mágicamente, porque sólo una persona utilizaría un mensaje así para desvelarme su identidad y, simultáneamente, desarmarme. Era irrelevante preguntar cómo había dado conmigo, ni quién le había dado mi número de teléfono. No cambiaría nada. Esa línea d
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Dame tormento

Por mucho que me gusten los juegos, éste me intranquilizaba; desconocía las reglas. Y no era un maldito juego. ¡Joder! ¿Por qué? ¿Sólo por haberme apropiado de un iPhone 7? De ninguna manera. No era una broma inocente. Ni un error. Con mis fotos, las que nadie debería tener. Nunca he sido una mujer temerosa. Ni tímida. Ni condicionada por la vergüenza a exponerse. Lo mío es más un asunto de control. La incertidumbre
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Sin dolor

Seguro que sabes que no es lo mismo no sentir dolor que no sentir 2:10 No entiendo lo que me dices 2:12 √ No sé quién eres. Ni dónde nos conocimos 2:12 √ Me dices tu nombre? 2:12 √ Había llegado el mensaje justo después de que me hubiera quedado dormida encima del teclado. Agotada, tras pasar horas buscando pistas en servidores, en archivos compañías telefónicas y, también, en el “deep internet”. Me había
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Intercambio de piezas

Los mensajes me llevaban de regreso a Nueva Orleans, con el bobo, mi juguete para las fiestas en las que nosotras paseábamos a los corderos, desnudos, en silencio, con las pupilas dilatadas y centelleantes. En la oscuridad. Una compañera de la Facultad de Psicología, con la que compartí tardes de estudio y noches de fiesta, solía decirme al darse cuenta de que me gustaba un chico, “Meralgia, no hay nada de malo
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Jaque a la reina

Mientras se descargaba el vídeo, concluí que la solución más conveniente, e inmediata, era dejar de darle vueltas y presentarme en una comisaría. Todo problema complejo tiene una solución evidentemente simple y terriblemente errónea, porque “Señor agente, vengo a denunciar que he encontrado tres fotografías mías, en situación comprometida en Nueva Orleans, en un teléfono que estaba en el probador de una tienda.
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Invisible

Aparqué el coche en el garaje y subí a la carrera. El ascensor estaba ocupado y yo tenía prisa por llegar a casa, encender el ordenador y empezar a buscar pistas. O explicaciones que me tranquilizaran. No me encontré a nadie por la escalera, afortunadamente, porque su estrechez hace que no se pueda evitar mirar a la otra persona y saludarla. Me desagrada. Mucho. Soy socialmente una inadaptada pero, para mi tranquilid
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