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Relatos cortos

La RANM en Harvard: el tercer día

Con el cambio horario, el sueño se desvanece antes de que amanezca. Y el día 31 de mayo no fue diferente. Era día libre para mi; mientras, los académicos involucrados en el Diccionario Panhispánico de Términos Médicos iban a estar ocupados en una reunión de trabajo con el Instituto Cervantes en Harvard. Después de escribir algunas ideas y de pasar un par de horas contestando correos electrónicos, decidí salir de nuev
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La RANM en Harvard: segundo día

El día 30 de junio amaneció nublado de nuevo, aunque no llovía. Eso iba a hacer mucho más agradable al recorrido previsto por la ciudad. Tras el viaje y con las seis horas de diferencia entre Madrid y Boston, los ciclos de sueño se habían visto algo alterados. No es infrecuente que uno esté despierto a las 5:00 a.m. Así que a las 9:00 a.m., en el hall del hotel, nadie anduvo retrasado. En la puerta nos esperaba un pe
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La RANM en Harvard: el primer día de viaje

El lunes 29 de Mayo, un grupo de académicos y de profesionales de la Real Academia Nacional de Medicina tomamos un vuelo directo a Boston. El destino era la Universidad de Harvard. Allí, en el Centro Rockefeller para Estudios Latinoamericanos, se celebrará el Foro de Debate sobre Español Médico durante los días 1 y 2 de Junio, auspiciado por el Instituto Cervantes y la Real Academia. Para empezar, salimos con retraso
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¿Es un crimen?

Disimulé el temblor apoyándome contra la pared. Me esforcé por compensarlo y busqué formas de no desequilibrarme, pero la debilidad me recorría desde las caderas a las rodillas, lo me que traía la terrible sensación de que, inminentemente, me fallarían las fuerzas y las piernas dejarían de sujetarme, porque se doblarían convirtiéndome, finalmente, en una marioneta. Caería como un trapo, informe, sobre mi mismo. Soste
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La pasión

Nota del autor: no empezar a leer hasta que Gustavo Dudamel de entrada al primer instrumento” La suave piel. Entre besos. Mágicos. Ardientes. Apasionados. Su cuerpo. Los brazos enredados. Una mancha de café, con leche. Su mirada lanceada. La transgresión. El brillo de las pupilas. Acuosas. La fusión. Un universo. Entre muslos, las caderas y su cintura. El infinito. En expansión. Abrasado. Llega el deseo. La des
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Agotado

Todos los días son sólo otro día. Y otro día. Y otro más. Mientras, el cansancio se va apoderando de mi. Desgasta. Consume. Derrota. Me acuesto agotado después de no hacer nada especial. Y me despierto temprano, mucho antes de que amanezca. Ya no me importa la luz. Sólo hay paz en las tinieblas. Cierro los ojos. Intento no caer, pero no puedo. La escucho. La veo. La siento.
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Y Klint escuchó bang bang!

Hasta las uñas me duelen de agarrarme al abismo A la desesperación. Bajo ellas se esconden jirones de tristeza. De la pena que me habita. Mis ojos brillan lacrimógenos como pozas de espanto. Hasta ahí casi ya no llega la luz. El alma se está oscureciendo. Y enfriando. Recorrido por escalofríos. Tiritando. Se congela. Hiela dentro. Mis labios ya no saben sonreír. Mucho menos besar. Mírame caer. Me deshago. La fachada
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Clasificación de las Hemorragias

Hoy me han recordado este post que Gustavo Klint escribió en el blog “Panorama desde el Puente”, coincidiendo con un viaje a Colombia en Diciembre de 2008. 4 de diciembre de 2008 – Bogotá Hoy Mayol ha estado a lo suyo. Después de la conferencia sobre hemorragias intraoperatorias, ha sido entrevistado para un canal de televisión en Bogotá. Y luego, mientras visitábamos el Museo del Oro, de nuevo hemo
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Me aburro

Escribo Invento Corrijo Lo dejo Me aburro ¿De qué va el vídeo? Lo busco Lo veo Monótono Plano Me aburro Algo que leer Dos páginas Rimbombantes No avanza Me aburro Música La escucho Canto Me aburro Ideas Tuiteo Contestan Debate Me aburro Dolor Recuerdo Escribo Invento Corrijo Lo dejo Me aburro
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Alexandra

Pensé en llamar a Alexandra. Tan desesperado estaba como para que se me ocurriera hacerme con uno de los móviles de mis compañeros de huída, que ahora también eran mis secuestradores, discretamente, y marcar su número, que sólo guardo en la memoria para que nadie más lo conozca. Luego restauraría el teléfono a su configuración original. Seguro que levantaba sospechas, pero no podía arriesgarme a que cualquiera de ell
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