Una semana TIC

La semana que está terminando ha tenido dos momentos destacados. El primero por la gran oportunidad de conocer en persona a uno de los iconos de la revolución tecnológica del siglo XX y XXI. El segundo por ser un gran paso en el ambicioso camino que iniciamos, hace poco más de 5 años, en la Unidad de Innovación del Hospital Clínico San Carlos.

Para empezar, el martes 6/11 Steve Wozniak, co-fundador de Apple, participó en una Impact Talk organizada por la Impact Business School de la Universidad Europea. No voy a descubrir nada nuevo, escuchar a Wozniak no es como escuchar a Jobs. No es un visionario. Wozniak sólo quería hacer ordenadores que funcionaran. Como él mismo dijo, «Steve no sabía casi nada de ordenadores. Yo los construía y él los vendía».

También destruyó, con una única frase, el mito del «emprendimiento basado en garajes». «Ni fabricamos ordenadores ni hicimos negocios en un garaje». Con esa simple afirmación destrozaba las ilusiones románticas de todo emprendedor que se precie, ya sea en Silicon Valley o en cualquiera de los cientos los valles que han aparecido por el mundo.

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Al día siguiente, acudí a la celebración de la apertura del Fujitsu Laboratory de España en la Casa de América. Fujitsu posee laboratorios de investigación en Japón, China, UK y USA. Y por primera vez se inauguraba un nuevo laboratorio, fuera de las cuatro grandes potencias. Esta vez en España, con una sede en Pozuelo, muy cerca del Hospital Clínico. Para nosotros, se trata de una oportunidad para impulsar la innovación digital sanitaria desde aquí. Indudablemente.

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El anuncio fue hecho por María Angeles Delgado, directora general de Fujitsu España, y por el Dr.Hideyuki Saso, CEO de Fujitsu Laboratories Ltd, quien explicó la apuesta de Fujitsu por la «innovación centrada en las personas» y la alianza con la Fundación para la Investigación Biomédica del Hospital Clínico San Carlos para la transformación digital de la sanidad.

ESCP 2015

Hoy ha acabado el Congreso de la European Society of Coloproctology, que se ha celebrado en Dublín del 23 al 25 de Septiembre. Afortunadamente, tanto el contenido científico del congreso como el tiempo en Irlanda han sido muy favorables.

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Científicamente, la combinación de nuevas técnicas para el tratamiento de los tumores rectales junto con los continuos debates sobre la preparación mecánica del colon para la cirugía electiva del cáncer colorrectal y su impacto en los resultados a corto y largo plazo ha sido la adecuada para mantener la atención de una nutrida asistencia de cirujanos colorrectales de toda Europa.

Resulta interesante observar el gran empuje científico y comercial por desarrollar técnicas y dispositivos que faciliten el abordaje mínimamente invasivo y transanal a los tumores rectales. TEM/TEO y TAMIS son las grandes opciones que se debaten, con indicaciones muy dependientes de la destreza del grupo que lo usa. Y en debate continuo con la resección en «sacabocados» de la endoscopia.

Sin embargo, seguimos con las mismas barreras en cuanto a la correcta estadificación tumoral y la estratificación del riesgo de los pacientes con este tipo de tumores. Los métodos de imagen tienen limitaciones importantes a la hora de ofrecernos información sobre la afectación tumoral de los ganglios linfáticos en el cáncer de recto. Y además, los cambios postquirúrgicos también dificultan la valoración de la recidiva.

El lugar de la plataforma Da Vinci en cirugía colorrectal sigue siendo objeto de análisis con resultados consistentes: no ofrece ventajas significativas a los pacientes.

La preparación mecánica para cirugía del cáncer de colon parecía clara, pero están surgiendo estudios que la cuestionan por los peores resultados de supervivencia a largo plazo en aquellos que se omitió. ¿La causa? Se desconoce. Es una mera observación. Sin embargo, en el cáncer de recto sigue considerándose necesario realizar preparación intestinal.

Interesante fue también el debate sobre la cirugía paliativa, al final de la vida. El análisis ético y humano resultó impecable, pero con escasas pruebas de calidad que ofrecer.

Además, y entre los eventos sociales, hay que destacar el nombramiento de Steven Wexner como miembro de honor de la European Society of Coloproctology. Steven Wexner es uno de los cirujanos colorrectales más prolíficos surgidos de la escuela de Stanley Goldberg en Minneapolis.

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En resumen, puedo decir que he disfrutado del congreso y de algunas estupendas presentaciones, pero que vuelvo desilusionado porque los problemas principales no terminan de resolverse. Y ando un poco cansado de escuchar eso de «more research is needed». Por supuesto que se necesita más investigación. Pero si tu trabajo necesita más investigación es que no ha servido para responder a la hipótesis o pregunta científica que te llevó a realizarlo.

Y para empezar, o finalizar, la Hakarena, coincidiendo con el Mundial de Rugby

Recortar la formación médica

El pasado jueves 17/09/2015 participé en las CEMTalks, invitado por los estudiantes de Medicina que celebraban su congreso anual en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid.

Era un día como pocos, en la facultad a la que pertenezco, hablando delante de estudiantes, que en buen número acudieron a la primera charla de la mañana. El título lo había decidido hace tiempo «Más de lo mismo«, diseñado para provocar una tormenta de ideas. Para inducir reflexiones.

Pasó poco tiempo antes de que Redacción Médica se hiciera eco de mi provocación: «Debe plantearse un grado de dos años»

No cabe duda. Era una provocación por el sitio, el tipo de encuentro, o el momento. Pero no era una provocación irracional, con el simple objetivo de hacerlo. Mi propósito era iniciar una reflexión sobre la formación médica y su duración. Quería ponerlo en la agenda.

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¿Por qué la carrera de Medicina tiene que ser de 6 años? ¿Por lo mismo que desde pequeños nos dicen que tenemos esta u otra religión, esta u otra nacionalidad? ¿O que los niños los trae la cigüeña? ¿O porque una rosa es una rosa es una rosa?

Como suelo repetir, el cerebro de los seres humanos no se siente cómodo si tiene que pensar que lo que cree puede no ser cierto. Y parece que eso también ocurre con la duración de los estudios del grado de Medicina.

En otros países, con sistemas de formación distintos, también se han planteado si es necesario recortar la carrera de Medicina en un 30%; de hecho, Ezekiel Emanuel y Victor Fuchs lo propusieron para Estados Unidos en JAMA en 2012.

Hay datos históricos que demuestran que acortar el programa de una carrera no tiene los efectos negativos que se le suponen. Harvard lo hizo durante la Segunda Guerra Mundial. Y no pasó nada. Por ello, no es sorprendente que el debate sobre la aceleración de la formación médica esté en la agenda en Estados Unidos. Incluso el Washington Post le ha dedicado espacio.

La siguiente pregunta que me hago a mí mismo es: ¿Qué factores me llevan a pensar que se podría y se debería acortar la carrera de Medicina?

1. Visto el modelo de formación universitaria y el modelo sanitario español, un médico «habilitado» legalmente para ejercer la medicina de manera autónoma en el sistema nacional de salud tarda en estar disponible entre 11 y 12 años (mínimo). Este hecho tiene consecuencias: personales, familiares, sociales, sanitarias y económicas. Y muchas de ellas son nefastas.

2. El progreso tecnológico ha puesto a nuestra disposición herramientas que no sólo aceleran la formación, sino que nos permiten evaluarla de manera continua, de forma objetiva y comparable entre pares. Pero que no se usan de ninguna manera. Seguimos con las comisiones de apuntes, el papel, el test, las preguntas cortas y el tema a desarrollar. Y ahora, modernos que somos, una ECOE.

Claro que la resistencia al cambio, como bien explicaba Maquiavelo, es enorme. Las barreras son muchas, y no porque haya evidencia sobre lo bueno que es lo que hacemos.

La primera barrera es que siempre ha sido así. Y como ha sido así y nos han dicho que es bueno, ¿cómo vamos a osar plantearnos cambiar? Pero seamos sinceros, carecemos de pruebas sobre la duración óptima de la formación. ¿Por qué tiene que ser de 6 años y no de 15 o 18, por ejemplo, dado el crecimiento exponencial de los conocimientos que debería acumular un médico si tuviéramos como objetivo que estuviera instruido y fuera competente en todas las materias que le incumben?

La segunda de ellas es ¿y qué hacemos con la organización que tenemos?. A mi, que soy profesor titular de cirugía de la UCM, me supondría el riesgo de perder mi puesto, ganado por acreditación y oposición. Y si no lo pierdo, al menos tendría que cambiar. Lo que es muy…. «incómodo».

¿Cuál es el problema a resolver?

Los estudiantes de bachillerato de ciencias de la salud se preparan durante dos años de manera intensa en asignaturas que luego repetirán, en parte, en el primer ciclo de Medicina. Son gente brillante, bien formada, con buenas notas, competitiva.

A continuación, tres años de básicas y transición a la clínica y tres años de clínica, para estudiar apuntes, contestar exámenes y mirar como los residentes – y el que es afortunado, adjuntos – hacen cosas que ni siquiera entienden. Alguno se lava en quirófano. Alguno finge que va a una guardia. Algún otro da puntos en Urgencias.

Como todos hemos pasado por eso, deberíamos ser sinceros y reconocer que al terminar la carrera, la mayoría no teníamos ni idea del ejercicio profesional de la medicina. Ni se espera que la tengamos. Porque ahora viene otro proceso selectivo, el MIR.

Toca pasar un año de tortura física y psíquica, entrenándose a contestar exámenes tipo test y hacer cálculos y simulacros para pasar el examen MIR. Eso sí, después del examen un viaje a las playas de la costa de México, en algo parecido a lo que los americanos desmadrados llaman «Springbreak».

Y luego vienen 4-5 años de aprender (próximamente en un tronco y luego especialidad), a ejercer la medicina. Se hacen cursos de metodología de la investigación, de RCP, seminarios de I+D, cursos de preventiva, de infecciones, de escritura de artículos científicos, de lectura crítica…. Y se evalúa anualmente, de manera semicuantitativa (por ponerlo de alguna forma) por parte de los tutores y los miembros del servicio. Y al final de estos años se da un papel que dice «especialista en».

Claro que si hay que superespecializarse, viene el «fellowship». Aquí o fuera. Otro año/dos años más….

Cuando verbalizo todo esto, percibo una sensación particular. De repente, entiendo que la formación médica es una enfermedad crónica, con gran carga de enfermedad en el grupo de edad en el que más años de vida ajustados por calidad se pierde, y para la que no queremos encontrar solución.

No hemos definido qué es ser médico en el siglo XXI, menos aún qué es ser un buen médico. O un buen especialista. Por tanto, no lo medimos. Lo que obtenemos es absolutamente ignorado. Es lo que es porque somos «kantianos», porque tenemos buenas intenciones y aplicamos el imperativo categórico…

Seamos sensatos, reflexionemos, actuemos y dejemos de creer que formamos personas para convertirse en dioses. Ese es el pecado y el que nos lleva a la penitencia.

PD (21-09-2015): ¿Qué tal un ensayo clínico? 20 estudiantes con una distribución normal de notas de bachillerato y que pasen la selectividad. Primero y segundo con menos asignaturas que el plan actual (eliminamos las ya dadas). En tercero dejamos las de fisiopatología, propedéutica y entrevista clínica. En el cuarto, preparación del MIR (examen por ECOE de manera «ciega» para el evaluador) y examen MIR. Si no sacan notas iguales o mejores que los examinandos convencionales, les volvemos a meter en el curso normal….

En Agosto de 2014, el New England Journal of Medicine ya publicaba un artículo de Asch y Weinstein en el que se afirmaba que, entre otras cosas, la duración de la formación médica es el resultado de la tradición y no de la evidencia (gracias a @danielmorenoz por hacérmelo notar)

Un cirujano madrileño en la Innovation Expo2015 del NHS inglés

El pasado día 2 de Septiembre estuve en Manchester, en la Expo2015 sobre Innovación en Salud y Cuidados, invitado por Tony Young, director de innovación del NHS England.

La oportunidad apareció por la alianza que desde la Unidad de Innovación y el Servicio de Cirugía del Hospital Clínico San Carlos hemos establecido con TouchSurgery, una plataforma de simulación quirúrgica surgida en el seno del NHS y dirigida por dos cirujanos en formación, Andre Chow y Jean Nehme.

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Personalmente, llevo colaborando estrechamente con Jean y Andre desde hace meses. Jean ha visitado el Hospital Clínico y desde hace unas cuantas semanas somos el primer servicio de cirugía europeo que pone a disposición de sus residentes un «board» – San Carlos – dedicado al entrenamiento y aprendizaje de la cirugía. Nos unimos con ello a alguna de las instituciones líderes en Estados Unidos, como John Hopkins.

Es más, recientemente hemos incorporado al «board San Carlos» a un antiguo residente de nuestro hosptial, Dr. Diego Sierra, para que sea nuestro colaborador en Bogotá, Colombia. Hay que tener en cuenta que TouchSurgery se ha convertido en la primera app sanitaria en España, Colombia y México.

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Las posibilidades de desarrollo de la plataforma son difíciles de predecir, porque su potencial no parece tener límite. No se trata ya sólo de la calidad de sus gráficos, diseñados por algunos de los creadores de efectos en películas como Gravity, Avatar o el Caballero Oscuro, sino del conocimiento que se acumula en el diseño de sus procesos, en el sistema de entrenamiento a la toma de decisiones, en y, lo que es más importante, la cantidad de conocimiento que se puede extraer de los datos de uso de la plataforma y sus diferentes módulos.

El reto es fenomenal. Una plataforma como TouchSurgery, adecuadamente desarrollada, puede transformar la educación y el entrenamiento de los profesionales sanitarios del futuro. No sólo es ubicua, sino que está basada en la experiencia y en la evidencia, es una herramienta de apoyo a la toma de decisiones, genera evidencia sobre cómo piensan los profesionales en formación, de manera mensurable, comparable y estandarizable, permite objetivar la adquisición de habilidad y destrezas cognitivas a lo largo del tiempo, fomenta la interacción social….

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Y es a partir de esa colaboración con una spin-off del NHS England cuando surge la posibilidad de formalizar la alianza con la Unidad de Innovación del Hospital Clínico San Carlos.

Compartimos una visión sobre el futuro de la asistencia sanitaria y sobre el papel que los emprendedores (dentro y fuera del sistema) deben tener en la transformación de los sistemas de salud, más allá de la innovación tecnológica. Además, queremos incentivar a los grandes profesionales que, con capacidades excepcionales, podrían convertirse en una fuerza creativa de primera magnitud para sociedades como las nuestras, basadas en el conocimiento.

Creemos que es una obligación profesional contribuir a una sanidad de alta calidad para el momento actual pero también para generaciones futuras. Y si queremos eso, tenemos que ponernos a ello ya. Por eso vamos a trabajar conjuntamente, en Inglaterra, en Madrid, y en Europa, para hacer realidad nuestra visión.

Transformar la Sanidad: abandonar el volumen, medir el valor

Si continuamos en un modelo de medicina «moderna», basada en medirnos el volumen de servicios que producimos, ningún sistema sanitario será sostenible (definida la sostenibilidad como dar más servicios por el mismo gasto o dar los mismos con menos).

Transformar la sanidad nos va a obligar a dejar en segundo plano la medida de recursos materiales, humanos y de cantidad de servicios que constituyen y proporciona el sistema, para empezar a priorizar la medida, cuantificación y comparación de los resultados que se genera para los usuarios.

Es decir, tenemos que empezar a medir el valor que produce el sistema para el individuo y para la población.

TouchSurgery: el cirujano global.

Hace ya un par de semanas que en el Servicio de Cirugía General y del Aparato Digestivo del Hospital Clínico San Carlos estamos utilizando TouchSurgery. Por ello me gustaría compartir una primera evaluación de su uso.

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Antes de nada, tengo que agradecer a Jean Nehme, cofundador de la plataforma de simulación quirúrgica, la oportunidad de convertirnos en el primer hospital europeo que la incorpora para formar a sus residentes.

La aplicación está disponible tanto en la Apple Store como en Google Play, ya que se puede usar en dispositivos con ambos sistemas operativos. Es fácilmente configurable y muy «usable».

Todavía hay un número limitado de procedimientos, que en cirugía general y digestiva se centran en el abordaje laparoscópico de la apendicitis y en la colecistectomía (están disponibles otros procedimientos de cirugía abierta).

Destaca la calidad de los gráficos, lo que no es sorprendente si se tiene en cuenta que en el equipo de producción hay gente que ha trabajado en Pixar. Los procedimientos son estructurados por profesionales de reconocido prestigio, como Rafael Grossmann y están disponibles en inglés y español.

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He probado TouchSurgery tanto en iPad como en iPhone 6 Plus, y en ambos dispositivos resulta fácil y cómodo de usar. Por lo que he podido comprobar directamente, la plataforma permite aprender y «practicar» procedimientos quirúrgicos de distintas especialidades, de una manera intuitiva y «cuantificable». Ayuda, también, a ejercitar aspectos cognitivos y de coordinación ojo-mano, aunque sea en dos dimensiones.

El aprendizaje a través de TouchSurgery, que puede parecer más necesario para estudiantes y residentes de primeros años, resultará muy relevante – si se incorporan más procedimientos de mayor complejidad – para residentes mayores e incluso adjuntos que pretenden iniciarse en nuevas técnicas.

Además, TouchSurgery facilita la interacción entre profesionales en formación y sus tutores, al permitir que compartan experiencias, comentarios e incluso fotografías de casos clínicos o artículos.

Los tutores tienen acceso a las calificaciones y al progreso de los residentes según avanzan por los distintos procedimientos. Así, será posible identificar áreas que precisen de especial atención y refuerzo en el entrenamiento.

En mi opinión, TouchSurgery supone un avance definitivo en el uso de la simulación quirúrgica para la educación y entrenamiento de los cirujanos del siglo XXI. Por primera vez, es posible acceder de manera ubicua a simulación de muchísima calidad, sin los requerimientos de recursos humanos y materiales que lastran los centros de simulación que se han creado internacionalmente.

Quedan muchas cosas por mejorar, número y complejidad de los procedimientos, «customización» de las técnicas (que pueden diferir entre centros y escuelas), creación de simulaciones «en equipo» (que permitan formar a equipos de alto rendimiento conjuntamente), validación de la evaluación, etc. Pero aún así, estoy convencido de que TouchSurgery va a transformar la educación y el entrenamiento en cirugía. Porque ya no te entrenaras sólo en tu centro, lo harás con los mejores profesionales en cualquier parte del mundo.

TouchSurgery convertirá a los cirujanos del siglo XXI en cirujanos globales.

Innovación Quirúrgica

Lord Ara Darzi of Dedham es un líder de la cirugía y la sanidad británica, profesor del Imperial College de Londres, con especial dedicación a la cirugía mínimamente invasiva y a la cirugía robótica.

Ha sido parte del gobierno británico y un importante defensor de la innovación quirúrgica. Por ello, se le invitó a ofrecer su opinión sobre el número extraordinario de «Surgical Innovation» en el British Journal of Surgery (acceso libre).

Sabemos lo que queremos

Existen intervenciones quirúrgicas que no son dolorosas. Que no sangran. Que no producen infecciones postoperatorias.

Hay intervenciones quirúrgicas que se producen sobre el cuerpo digitalizado de cientos, de miles, de millones de pacientes que pasaron por nuestras consultas, urgencias, hospitalización, quirófano, y nos dejaron su información para que aprendiéramos.

Es una obligación extraer conocimiento de los datos digitalizados de nuestros pacientes para ofrecerles una asistencia sanitaria de valor. Es decir, con la maxima efectividad, el menor daño, a un coste ajustado, en un tiempo adecuado y sin consumir más energía de la necesaria.

Accurate Precision Medicine: datos, información y conocimiento

El pasado 9 de Junio de 2015 anunciamos, durante el evento celebrado en Madrid del Fujitsu World Tour, una alianza estratégica entre Fujitsu España, Fujitsu Labs of Europe y la Unidad de Innovación del Instituto de Investigaciones Sanitarias San Carlos.

El objetivo de esta alianza es la utilización de datos clínicos (incluyendo la imagen) para conseguir extraer información y conocimiento que permita desarrollar herramientas para el apoyo a la toma de decisión de pacientes, profesionales sanitarios y gestores.

El nombre de este gran proyecto es Hikari (luz en japonés) y define el reto que supone arrojar luz en las tinieblas de archivos y bases de datos, acumulados como resultado de nuestra actividad a lo largo de años, para un uso «inteligente», que hasta ahora no ha sido posible.

Además, los datos clínicos se procesarán, mediante potentes máquinas, junto con datos no clínicos pero relacionados con la salud (meteorología, redes sociales, información socioeconómica… aquí está el big data) para poder responder a preguntas relevantes.

La utilización de los datos clínicos para uso secundario (investigación, simulación, emulación), con la debida seguridad y protección, es una de los más importantes tareas que afrontan los investigadores, clínicos e ingenieros, para llegar a una sanidad precisa y exacta. Es decir, una sanidad que haga bien lo correcto

Infiel pero leal

«¿Por qué sigues igual, Klint?» me preguntan los amigos.
Al principio no les entendía.
Ahora no me canso de repetirlo.
«No soy de fiar».
Por eso decidí no comprometerme.

Pagué un precio por ello.
Sigo pagándolo.
Algunos piensan que es poco.
Barato.

Muchos son los que me califican.
De traidor.
Se preguntan cómo puedo soportarlo.
Vivir sin seguridad.
En la incertidumbre.

Dudan de mi intención.
O de mi valía.
O de mi humanidad.
Eso me duele, en silencio.
Porque, sinceramente, no tengo nada que esconder.
Con preguntarme, cualquiera tendría la respuesta.

En realidad, no hago otra cosa que lo que la mayoría desearía.
Desde siempre.
Divertirme sin entregarme.
Ser leal, pero no fiel.
Lo que muchos sueñan pero no hacen.
Soy libre hasta el límite posible.
Sin ataduras, hasta donde puedo.

Hay costumbres de las que una no puede deshacerse.
Se lo advierto a todos desde el principo.
No dependo de ellos.
Mi esfuerzo me costó.

No quiero un trabajo estable.
No deseo un empleo seguro.
Si estoy es porque quiero.
Detesto aprobar una oposición hasta que la muerte nos separe.
Para siempre.
O hasta la jubilación.
Aunque sea una garantía en tiempos de crisis.

Odio la rutina.
De lunes a viernes.
De ocho a tres.
A cambio de doce sueldos como doce soles, dos pagas y un mes de vacaciones.
Nadie dejaría algo así.
Como mucho, buscaría otro trabajo adicional.
Siempre que su estipendio no fuera suficiente para afrontar sus caros gustos.

A mi no me gusta estar atado para siempre.
A lo mismo.
Sin salida.

«Klint, ¿eres un traidor?»
Prefiero pensar que soy leal.