Tito

Nunca supo si fue aleatorio.
O el resultado de la intención.
Tito la vio en algún sitio.
Iluminada por focos.
Enmascarada por el maquillaje.
Catódica.
Y la buscó por el universo.
Hasta dar con ella.
Digitalizada.

Ya nunca más paró.
Empezó a seguirla.
En cada canal.
O red.
Con una propuesta.
La misma.
Un mensaje.
De entrega.
Semana a semana.
Mes a mes.
Año a año.
Tito no dejaba de insistir.
Y ella de rechazarle.

«Tú no eres lo que yo quiero»

Pero un día, sorpresiva e inesperadamente, se encontraron entre la multitud.
En medio de una gran audiencia.

Fue ella quien le vio
Se aproximó.
Directa.
Sin dudarlo.
Sin pensar en su reacción.
Ni le importaba.

Se acercó tanto que a Tito se le nubló la vista.
Extendió su mano derecha.
Apretó la de Tito con fuerza.

– Buenos días.
– Hola

Y Tito sintióse desfallecer.
No supo reaccionar.
Ni qué decir.
En un breve instante.
Sus deseos se habían hecho de carne.

Pese a todo, continuaría.
Por cualquier medio.
Haciéndole saber que estaba allí.
Para ella.
Nunca dejaría de recordarle que, sin exagerar, sería lo mejor que jamás podría tener.

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