Mensajes

Temblaba, sobrecogida por el temor, por la ignorancia de cómo, quién o por qué estaban esas fotos mías en un iPhone que había encontrado en un probador de una tienda cualquiera. Mi pequeño delito.

No podía ser aleatorio. No era casualidad. ¿Alguien próximo? ¿Alguien que me conocía muy bien? ¿El fotógrafo? Era la ansiedad, el exceso de futuro dentro de mi. Y quizá la depresión por la abundancia de pasado. Quién fuera sabía que me quedaría con el iPhone, que no resistiría la tentación y lo manipularía buscando algo «secreto».

Pero el hombre que tomó esas fotos mías no podía ser. Era demasiado simple, carente de la imaginación suficiente para tenderme una trampa así. Ni siquiera tenía motivos. Jugué con él. Le tomé y le dejé como un peluche, flácido. No le imaginaba queriendo hacerme daño.

Unas pocas personas con las que había chocado en la vida si que estaban sobradamente equipadas con la motivación, la inteligencia y la determinación para devolverme el dolor que les causé. «No te olvidarás de mi, Meralgia». Y era verdad, porque nunca olvido. Ni perdono. Pero también podía ser alguien desconocido, que quisiera simplemente jugar conmigo. O chantajearme.

Estaba concentrada obsesivamente en esos pensamientos cuando noté una vibración. Era un nuevo aviso de mensaje, un marcador rojo en el icono de whatsapp.

En el mundo actual, no recibir mensajes significa que has muerto para los demás. Pero que te lleguen cuando no los quieres, puede aterrorizar.

Entré en pánico. Empecé a morderme los dedos, alrededor de las uñas, una costumbre olvidada de mi infancia, cuando me los desollaba al despertarme entre pesadillas.

– Has visto las fotos? – temblé un poco más

Sin dudarlo, contesté mintiendo, como hacemos todos, siempre.

– Qué fotos?

– No me engañas, las has visto.

Con mis dedos rápidos, volví a abrir la aplicación del iPhone y las borré. Al hacerlas desaparecer creí convertir en verdad mi falsa afirmación anterior. Si no están, no las pude ver. Es un tipo de razonamiento muy común. Lo usamos con frecuencia.

– No conseguirás nada borrándolas – era un nuevo mensaje

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