Honestidad radical

Los impostores cometen imposturas.
Fingen y engañan adoptando una apariencia de sinceridad.
Incluso sus orgasmos son fingidos.

Gritan desgarradoramente.
Son plañideras.
Narran sus miserias como Julio César, mayestáticamente.

A la vez, los estúpidos corean la honestidad.
Reclaman la verdad.
Ellos nunca mienten.
Airadamente, como aquellos jóvenes británicos, exhiben su ingenio para señalar con el dedo los desmanes ajenos.
Mientras, esconden sus miserables comportamientos a los ojos de los demás.
Les excita la honestidad radical. Pero sólo la suya para con los demás. No la de los demás con ellos.

Los impostores se creen listos.
Los estúpidos se creen sinceros.
Los malvados se creen peores.

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