Sin noticias de Obi Wan

Estoy cansado. ¡Y harto! Me van a reventar las pelotas con tanto midicloriano.

Llevo aquí un par de días. El viaje fue largo e incómodo. Y solo. Ni un alma.

Me recorro la galaxia y ¿qué me encuentro? ¡Qué esto es un puto desierto!

Y sigo sin noticias.

Me mandan aquí para que ”crezca”. Y me dicen que si lo voy a hacer, que lo haga bien.

“Eres nuestra esperanza. Escucha tu interior” me dicen.

¡Una mierda!

Mi interior ya me lo conozco. Lo que necesito es otra cosa.

Podría hacerle feliz con lo único que no ha tenido.
Y sigue sin llamarme.
Ni se acuerda.
Ni un mensaje.
Ni una mala telepatía para por lo menos decirme “Anakin, ¿cómo estás? Me paso por Tatooine y hacemos merienda-cena”.

Seré bueno o seré malo, Obi Wan. Pero ¿sabes lo que te digo? ¡Qué te den!.

Luego vendrán los llantos y las madres mías. Que si Padme por aquí, que se Padme por allá. Y tú con ese puto enano reumático y hepatópata. Qué es como un macaco.

«El apego lleva a los celos. El apego lleva a los celos. El apego lleva a los celos» –

Te quejarás cuando me pase al lado oscuro. Pero te lo tienes merecido. Por ingrato.

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